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sábado, 13 de julio de 2013

Estudio de Arquitectura Lamela y Francesc Rifé diseñan la residencia del primer equipo ‘merengue’ en la Ciudad Real Madrid.

Estudio de Arquitectura Lamela y Francesc Rifé diseñan la residencia del primer equipo ‘merengue’ en la Ciudad Real Madrid.
por Elena Minguela para Diario Design
El Estudio de Arquitectura Lamela, encargado del diseño de la Ciudad Real Madrid en Valdebebas, ha sido el encargado de realizar también la residencia del primer equipo, una moderna construcción de 8000 metros cuadrados que funciona de alojamiento exclusivo para los primeros equipos de fútbol y baloncesto.
Situada en una ubicación privilegiada frente a los campos de entrenamiento, dispone dedos partes bien diferenciadas: la izquierda, dedicada al trabajo, y la derecha dedicada al descanso. Su seña de identidad es la sobriedad defendida como valor del madridismo, y suusabilidad, confortabilidad y diseño.
Para el diseño de los interiores se ha contado con el estudio de interiorismo Rifé, que intentando huir del concepto tradicional hotelero, ha tratado de que ambas partes cumplieran las especificaciones deseadas para convertir la residencia en el hogar de los jugadores y en una referencia internacional.
En el ala izquierda se encuentran el gimnasio, los vestuarios, las zonas de despachos para técnicos y otras salas ya existentes.
En la derecha, la recién estrenada residencia, pensada para el reposo, convivencia y recuperación de los deportistas. Las 56 habitaciones se distribuyen en la planta primera y segunda, todas con sus respectivas áreas de servicios. En la planta baja se sitúan dos salas de visitas, un espacio de convivencia compuesto por biblioteca tecnológica, zona de descanso, sala de cine, una gran sala de juegos activos y una espectacular piscina.
La primera planta conecta con el ala técnica mediante tres aulas de formación para los jugadores, y en ella se encuentran además de algunas de las habitaciones, la cocina y un comedor con terraza.
La segunda planta acoge las demás habitaciones y dispone también de una gran terraza con magníficas vistas a los campos de entrenamiento.
Las estancias son cómodas y funcionales. Constan de una pequeña sala de estar, la zona de descanso con una amplia cama y una mesa de escritorio, un baño con bañera de hidromasaje y una terraza con separación vegetal. Se ha tratado de conseguir un lugaragradable, confortable y cálido, donde descansar o cargar pilas.
Los pasillos llaman la atención porque, debido a su dimensión, llevan incorporadosmateriales que aumentan la luz, siempre con la marca Real Madrid.
Se ha querido de este modo convertir a la Ciudad Real Madrid en el lugar donde los deportistas del club puedan vivir como en su propia casa.
Fotografías ©Real Madrid

viernes, 12 de julio de 2013

Espacios para cuidar como a las joyas de la abuela

                
Espacios para cuidar como a las joyas de la abuela

por Berto Gonzalez Montaner para Arq. Suplemento de arquitectura de Clarín
* Editor General ARQ
Son los playones ferroviarios, que serán destinados a edificios y parques. Para los urbanistas representan grandes oportunidades.


Habían pasado tan sólo unos meses de la tragedia de Once cuando recibí un libro sobre el Patrimonio Ferroviario Bonaerense del arquitecto e historiador Jorge D. Tartarini. El libro ilustrado con profusión de imágenes da cuenta de la impronta que dejó el ferrocarril en nuestras pampas y ciudades desde su llegada en 1857. Cabinas de señales, refugios, tanques de agua, puentes peatonales, depósitos, galpones y hasta viviendas que forman parte de un riquísimo repertorio que salpicó nuestro territorio. Y plantea una mirada dinámica sobre este acervo, con la idea de protegerlo y recuperarlo.

Como dicen las recetas de cocina, lo reservé sobre mi escritorio con un papelito que prefiguraba su destino. “Las huellas del ferrocarril”, sería el título de una de mis columnas en esta sección. Pero por una cosa u otra fue siendo reemplazado por otros títulos. Claro, todavía estaba cerca y muy presente la tragedia de Once.

Sin embargo, en las últimas semanas, los trenes bonaerenses volvieron a golpear, insistieron y fueron noticia nuevamente. La peor, la del 13 de junio, manchada de sangre: el choque del Chapa 1 en Castelar. El resultado fue 3 muertos y más de 315 heridos. Negligencia del maquinista o frenos en estado defectuoso. Coches con estructuras vetustas y con problemas recurrentes. Todo habla de un parque ferroviario en crisis que a pesar de los anuncios grandilocuentes no mejoró desde el horror que se vivió en Once.

Sin tanto que lamentar, otra noticia puso al sistema ferroviario en las páginas de los diarios. El Estado nacional anunció la estatización del Tren de la Costa. Según fuentes oficiales, las razones son al menos tres: que el servicio lo usa casi un tercio de los pasajeros que lo hacían en 2001; que no se hicieron las debidas tareas de mantenimiento y que se omite el pago del canon por los inmuebles desde 2001. Luego de su rimbombante renacimiento en el año 1995 como un tren turístico que prometía llegar hasta el Parque de la Costa tras recorrer estaciones recicladas, en tan solo 18 años se desinfló. Hoy, al recorrer la traza del Tren de la Costa, da pena ver que muchas de esas estaciones inglesas están abandonadas, vandalizadas y pintarrajeadas con graffitis.

La tercera noticia concurrente con el tema ferroviario fue la serie de concursos convocados por el Gobierno nacional con el fin de “desarrollar proyectos integrales de urbanización y/o inmobiliarios” para las ex playas de maniobras de Liniers, Caballito y Palermo. Los terrenos son propiedad del Estado nacional, pero la potestad de crearles nuevas normas urbanísticas es de la Ciudad.

Las bases de los concursos proponían integrar los “fragmentos de tejido en un nuevo paisaje contemporáneo”; “...conciliar conservación y transformación”; y agregaban: “Interpretar y crear, reproducir y proponer es un desafío y una responsabilidad de los proyectistas que participarán de esta convocatoria”. Por otra parte, las propuestas se debían ajustar a la norma que exige que el 65% de la superficie debe corresponder a uso público y solo el 35% restante puede destinarse a áreas edificables.

En las últimas semanas, como he reseñado en esta misma columna, se conocieron los resultados de estos certámenes. Pero, si bien los ganadores respetaron los porcentajes de espacios públicos y privados previstos y exigidos por las bases, solo pusieron foco en la definición de la estructura vial y en el 35% edificable y vendible. Sobre el 65% restante que casi todos dedican a espacios verdes casi no hubo definiciones. (En los planos solo aparecen algunos senderos, árboles desperdigados y algún que otro equipamiento urbano). Hasta un alumno de la facultad me alertó: “Los ganadores de los concursos cuentan cómo serán los edificios, pero nadie habla de lo que hay que hablar: de cómo serán los parques y los equipamientos públicos”.

Los urbanistas aseguran que estos terrenos de grandes dimensiones que han quedado vacantes por reconversiones urbanas y que están ubicados en zonas estratégicas de la Ciudad son algo así como las joyas de la abuela. Son áreas de oportunidad, las pocas que le quedan a la Ciudad para crear las infraestructuras y equipamientos que reclama. Por eso no alcanza con estos planes de masas, donde solo se define la volumetría del 35%, edificable y vendible, atendiendo al desarrollo inmobiliario. Falta proyectar el otro 65%, si se quiere la razón última de estos proyectos urbanos. Por nombrar algunos ejemplos conocidos, Plaza Francia o Parque Lezama, Palermo con el Rosedal y el Planetario, Parque Centenario, Parque Rivadavia o los parques de Puerto Madero. En definitiva, espacios verdes públicos de calidad que dan la diferencia, construyen nuestra identidad y son parte del patrimonio de todos.